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01.04.2010

Un joven cineasta suelto en LA – Entrevista exclusiva con Martín Yernazian

Para dar inicio a la nueva sección Perfiles, YP tuvo la posibilidad de conversar con el joven cineasta Martín Yernazian radicado en Los Ángeles desde hace ya varios años. En un tono informal, cálido y audaz, el director nos cuenta desde sus inicios en el mundo del cine hasta sus proyectos para el 2011 en Argentina.

EL CINEASTA Y SUS INFALTABLES. Martín Yernazian en su estudio de Los Ángeles

YP: Leímos que a los 12 años en un viaje a los Estados Unidos hubo algo que te llamó la atención, ¿qué fue ese algo? ¿Qué fue lo que despertó tu interés por el cine?

MY: En realidad, fue una combinación de cosas. Yo era un chico muy inquieto. Salí del colegio Mekhitarista y, prácticamente, no es que me echaron, pero les dijeron a mis viejos “si no se porta bien, que no vuelva más”. Entonces, mis viejos sabiendo que no me iba a portar bien, no me mandaron más. Así fue con muchas escuelas. No era que me portaba mal porque era un atorrante, simplemente era inquieto. Cuando empezaba el año y me daban los libros, me daba curiosidad. Los leía todos en una semana o dos y después ya estaba aburrido y quería aprender otras cosas. Ese maldito test vocacional de la primaria creó para mí una presión muy grande porque yo hacía fotografía, escribía, me gustaban muchas cosas y dije “¡uy! ¿Y ahora qué voy a hacer de mi vida?” Me puse una presión muy fea y no sabía qué hacer. En ese tiempo mi abuelo que vivía acá en Los Ángeles, él falleció en el 2003, me dijo “Martín terminá la primaria y como regalo te venís a Los Ángeles por dos meses”. Cuando fui, mi abuelo me llevó a todos los estudios, me hizo un tour en LA y al glamour del cine, que es parte de la historia de la cuidad, no le podes escapar porque esto es la meca del cine. Un día me llevó al observatorio del Parque Griffith, que está situado en el mismo grupo de montañas del cartel de Hollywood. Cuando estaba a punto del entrar al observatorio, me dice “Mirá Martín, mirá ahí”. Desde el observatorio se puede ver toda la ciudad de LA pero, si vos te das vuelta y mirás hacia a la montaña, tenés ahí el cartel mirándote a vos. Ahí fue como una especie de martillo a la cabeza que me dijo “¡¿Ves lo que tenés que hacer?!” Y dije “¡Aaahhh!”. Fue como volver a nacer en ese momento. Acá podés ser un inventor, podés ser un diseñador, podés ser un psicólogo. Podés hacer lo que yo realmente quería hacer: cambiar la vida de la gente o tirar un mensaje, hacer que la gente me escuche. Un poco egoísta, pero a la vez, es darle algo a la gente, al mundo, esa era mi contribución. Cuando volví a Buenos Aires fue como un “Ok, voy a ser director”. Me acuerdo que a los 12 años traté de hacer mi primera película y me di cuenta de que tenía que depender de mucha gente. Por lo general, la cuando tenés que depender de alguien, la gente se abusa o, simplemente, si no está en coordinación con tu sueño no te dan ni cinco de bola.

YP: Y en Argentina ¿estudiaste, hiciste algún curso o fue más bien por cuenta propia?

MY: Fue una combinación. La mayoría de las veces aprendí por mi cuenta, pero también aprendí yendo a filmaciones que tal vez no debería haber ido porque fue por medio de alguien que me metió ahí. Aprendí como oyente, fue de manera autodidacta. Fue pura experiencia. El problema era que yo me dejaba llevar demasiado, entonces todas las pruebas que tenían que tomar durante el año, yo ya las había realizado en dos meses, o sea, sacaba la ficha muy rápido. A mi no me importaba sacarme un diploma, una nota. El cine no se califica en una prueba, se califica en como hacés tu laburo. Lo gracioso es que acá (USA) yo termine enseñando en la Universidad de Berkeley. Hacía cursos de cine independiente para la gente que quería aprender cine de la manera en la que yo aprendí. O sea, el cine que realmente funciona, el cine en el que tenés 1 dólar o si tenés 1 millón, la película la seguís haciendo igual. Lo que cambia es el formato, la manera en que la hacés, pero el cine se aprende haciendo, tenés que estudiar, ojo no digo que no, pero…

YP: No de forma ortodoxa

MY: Claro, esa es la palabra exacta. El cine lo quieren hacer ortodoxo y el cine lo haces como te va saliendo. Es muy orgánico.

YP: ¿Notaste limitaciones extras por ser extranjero en los Estados Unidos? ¿Fue una traba en algún momento?

MY: Si y no. Siempre vas a tener trabas. Las trabas para el extranjero existen como las trabas para el americano. El problema para mucha gente es que empiezan a creer en esas trabas. Y lo mas importante, en mi opinión, es no creer en la trabas. El momento en que alguien te dice “no” lo transformas en un “tal vez” en tu cabeza. El momento en que alguien te dice “no podés” decís “¿sabés qué? Me importa muy poco lo que vos pensás”. Obviamente, hay un sentido de realidad que es muy importante. Trabas como latino, trabas como armenio hay millones. El factor armenio, por lo menos, acá en LA, me parece que en Buenos Aires también hay algo de eso, es lo que yo llamo, “el sabotaje armenio”. Hay un sentido de unión muy grande pero viene acompañado de un paquete de celos, de envidia. A veces uno tiene que dejar de tener ese sentido regional, ese sentido de familia, de cultura, no se si me explico, hacerlo por uno mismo y decir “¿por qué me estás tirando abajo si yo soy tu amigo?” Pero a la gente no le importa, a veces a la gente le importa tirar a otros abajo con tal de mantener a todo el mundo en el mismo nivel. Creo que tenemos que tener un sentido de unión cultural más grande del que hemos tenido en toda nuestra historia. Tenemos que tener un sentido de unión familiar, de apoyo sin celos. Si a uno le sale una oportunidad, hay que aplaudir en vez de decir “Ah, y ¿este?”. Lo mejor es abrirse, esa fue siempre mi postura estando en el Mekhitarista o estando en Homenetmen. Lo más importante es no quedarse sólo dentro del vínculo armenio. Por lo menos cuando yo iba al Mekhitarista que era en la época de los ´80, principio de los ´90, yo veía cómo esta gente se mantenía sólo en lo que era Haiasdán y todo el resto era “kastí”, pero qué somos ¿racistas? Me decís esa palabra me da rechazo. No la escucho hace un montón pero te tenés que abrir. Yo aprendí mucho más durante mis años en los que me abrí a todo tipo de cultura, de raza, de religión, la orientación sexual. Uno tiene que ser una esponja, tiene aprender. Tanto los argentinos como los armenios son una cultura, tienen cosas espectaculares, pero son culturas un poco conservadoras. Las cosas no entran así de una, no invitamos las cosas tan fácilmente, se tiene asentar en la cultura y de a poquito va entrando. Esto no es nada malo, es la realidad y uno tiene que transformar el “no” en el “tal vez” y decir “bueno, no te gusta, tal vez te gustará más adelante”.

YP: Salir de la negatividad, digamos.

MY: De la negatividad y del positivismo iluso. Hay que tener los pies sobre la tierra, el corazón bien apasionado, la cabeza sobre los hombros pero también hay que tener ese talento de poder volar y saber aterrizar. Es un balance. Por eso para mí el “tal vez”, es hacia el “sí” y hay gente que es del “tal vez” hacia el “no”. Además, en la secundaria yo era un desastre porque a mi me decían “no” y yo decía “sí”. No hice la secundaria más rápido que los demás aunque leyera mucho y estuviese a full. Cuando todo el mundo la hizo en 5 años, yo la hice en 7. O sea, había años que prácticamente no iba porque estaba filmando. Me acuerdo que iba a repetir por tercera vez, y ya mis amigos no me hablaban porque decían “este es un loser”. Me acuerdo que estaba en los Lagos de Palermo y dije “no, ya está”. Y me lleve 12 materias, 8 a diciembre y 4 a marzo y terminé dando todas, me comí un verano, pero ahí dije “no, esto es una boludez (risas)

YP: Vemos que sos polifacético dentro del cine: escibís, dirigís, sos editor… cuál es el rol que más disfrutás? ¿Hay algún rol en el que te sientas más cómodo?

MY: Es una buena pregunta. Cada cosa que hago me apasiona. Tengo una lista de 7 cosas que aprendí por necesidad, pero después de años y años de hacerlo empezás a generar ciertas cosas que son tuyas, que nadie más tiene. El tema de la cinematografía me encanta pero lo mismo con la edición, lo mismo con escribir, lo mismo con producir. Lo que hago es mantener un control de calidad, tratando de que todo lo que hago, cada cosa que hago, tenga ese nivel de calidad muy grande. No digo que no trabajaría con otro director de fotografía o editores, o escritores o productores, lo he hecho en los años que estoy en esto. O sea, es como una bola de nieve: la tirás chiquita y se va armando. Claro, cuando llegás a la base de la montaña se nota que abarcaste todo. Igualmente, si vos me decís ¿qué es lo que vos hacés? yo te tengo que decir que soy director. Pero, claro, yo no vengo y digo “Ay yo soy el director y mirá mis pantuflas rosas”. Soy un flaco que viene con todo, y bueno, eso hace mejor una película para mí. Tal vez estoy equivocado y termine vendiendo panchos en Retiro, pero bueno.

YP: Y pasando a cine argentino ¿tenés alguna opinión formada al respecto?

MY: El cine argentino, como todo cine latinoamericano, tiene algo que el americano no tiene. En Argentina hay un principio y en Latinoamérica también, pero en Argentina la necesidad es la madre de la invención. Esto es porque los presupuestos de película son tan bajos que el cine se encuentra con un desafío: “tengo tanta plata y tengo que hacer una película que pueda rivalizar con una de Hollywood o con una europea”. Lamentablemente, pensamos así. También se piensa que “tiene que ser una película que se pueda mirar y tiene que estar a ese nivel” porque acá en Hollywood es donde se hace el nivel, se dice “éste es el nivel más alto”. Esto es como una decepción porque el nivel más alto de guiones no está en Hollywood. Creeme, hay mucha, mucha, mucha basura que se escribe acá. Pero también tenés las Academias, los cursos de UCLA, tenés cursos por todos lados. Acá se hace, se crea el estándar, pero no significa que el estándar de otro lado sea mejor o peor. Lo que tiene de bueno el cine argentino es que de vez en cuando se hacen películas que tienen visión propia, que no se parecen a una película yankee. O a veces sí se parecen, como “El Secreto de sus Ojos”, que es una película que se siente como una de Hollywood pero es muy argentina. Entonces, la gente cuando va a ver esa película, lo mismo con “9 reinas”, “El aura” lo ve más como una película europea. Tenés películas de ese calibre que vos las ves y decís “guau qué bien que se hizo esa película”. El tema con el cine argentino es que de vez en cuando tenés esas películas que sobresaltan porque se lo toman enserio, no que “bueno, hay que hacer una película de Hollywood”. El problema es siempre tratar de emular, tratar de ser como la película americana. Estoy hablando de películas serias. Tenés gente como Campanella, tenes a Trapero, a Lucrecia Martel, de “La ciénaga” que a mí su cine no me gusta, pero tienen su propia voz. Hay muchas cosas en el cine argentino de esa manera. Lo mismo en el cine brasilero, boliviano, chileno, peruano. Hay ciertos cineastas que tienen su propia voz. El problema es que hay mucha gente, como dije antes, que trata de emular al cine americano. El problema del cine argentino, en parte, es un poco el público. Porque el público quiere ver la película: el pochoclo americano, una película como “2012” o todas esas porquerías que hacen acá que no te ponen atención al cine nacional que es muy bueno. Hay gente que trabaja muy bien en Argentina. Y hay gente que trata de hacer la película americana argentina para hacer plata porque de esa manera se hace plata mas fácil. La industria del cine es una industria de entretenimiento, pero también es una industria para hacer plata. El buen cine argentino se nota por los comerciales que se hacen que es una forma corta de poder hacer buen cine. Después tenés que gente que hace tele como “Gran Hermano” y todas esas porquerías o “Bailando por un sueño”, que es agarrar la basura americana que se vendió, llevarla allá, en vez de hacer las cosas un poco mejor como hacen los dinamarqueses, los noruegos.

YP: Es lo mas fácil quizá exportar formato, en el sentido de que el éxito económico está garantizado en un alto porcentaje.

MY: Sí, pero lo fácil a veces daña. Lo fácil la mayoría de las veces te tira abajo. Mirá la cultura de hace 10 años y mirá la cultura ahora. La famosa “cumbia villera”, que esto, que lo otro. Está bien para ir a bailar, para pasarla bien, pero cuando vos tenés artistas que se dejan de lado, artistas nacionales que no hacen música como acá y hacen música propia y los están ignorando… el problema del cine argentino es ignorar el cine argentino y peor, el cine independiente argentino que es muy fuerte. Si la gente como Campanella o Trapero tienen problemas para tener el presupuesto para sus películas, un desconocido que hace una película por 100.000 dólares o 10.000, ¿quién le va a dar bola a esa persona? Entonces, de a poco, hay que hacer como una especie de renacimiento del cine independiente.

YP: ¿Alguna vez pensaste volver a la Argentina para hacer cine?

MY: Sí, tengo dos proyectos que quiero hacer allá. Son para el próximo año que, si todo sale bien, son como 4. Obviamente no puedo hacer los 4 en un año porque me volvería loco, a menos que tuviera muchísima guita, pero igual me volvería loco. Lo que quiero hacer es un proyecto en Argentina, que lo estamos haciendo con un chico que se llama Diego Cirulo, que es un buen escritor y está tratando de hacer su propio tipo de escritura.
 

YP: ¿Y qué te parece el cine armenio?

MY: Hay cine hecho por armenios que es muy fuerte. Yo estoy trabajando con Roger Kupelian, es mi compañero de guerra N º 1. Roger nació en África, en Sierra Leona. Él está tratando de hacer dos películas de un valor de 80 millones de dólares, que son sobre armenios. Roger tiene experiencia, quien pintó los paisajes de “El señor de los anillos”. Es un tipo que tiene calle de acá a Timbuktú. El tema con el cine armenio es que le falta agallas, muchas agallas. El cine argentino a veces toca ese lado conservador, por ejemplo, no es como el cine mexicano que nuestra teta o esto o lo otro, y no sólo eso, te tira el lado controversial. El cine armenio no toca nada de eso. Es un cine estéril, se basa en la comedia y, a veces, hay cosas en la historia de los armenios que tendrían que dejar de ser estériles, pero bueno, eso a veces no pasa. Ya te digo, estamos Roger, yo y un par más que queremos ponerle un poco de pimienta a la cosa y generar un poco de controversia y ¿por qué no? Los armenios no generan controversia desde hace tiempo. En realidad, uno de los cineastas más importantes es Atom Egoyan, que sí genera controversia. Lo que pasa es que las películas que hace parecen siempre las mismas, o sea, es su género, no es para tirarlo abajo. Egoyan es nominado al Oscar, yo no soy nada comparado con él, pero a la vez Atom Egoyan no es Martín Yernazian, somos dos cosas diferentes. Roger Kupelian tampoco es Atom Egoyan y no es Martín Yernazian, o sea, es una identidad y es lo importante. Cuando ves “Aratat”, “Exótica”, las películas que hizo él, vos decís “este tipo no es ningún estúpido”. Ha hecho películas de izquierda, de derecha. El problema, de nuevo, es que no hay demasiadas banderas de cine armenio. O sea, cine hay, el problema es con la comunidad armenia y el apoyo.

YP: ¿Participaste del Festival Golden Apricot?

MY: Los chicos de la banda Hashish presentaron un video que los hice yo, pero todavía lamentablemente no he encontrado tiempo para terminarlo. Eso me entristece un poco, pero ya dije que este año ya vamos a filmar la parte de la historia. Sin desmerecer al festival, creo que tiene que haber un nivel de seriedad muchísimo más grande, un nivel de disciplina muchísimo más grande que la sociedad armenia hoy en día no tiene. Gente como yo, como Roger que estamos tratando, a veces tenemos que esperar semanas para una respuesta.
 

YP: ¿Qué nos podes contar sobre la película que están realizando con Roger “East of Byzantium”?

MY: Se está tratando de hacer es algo muy grande, algo que en la historia de los armenios nunca se ha hecho. Si se hace, va a ser genial, pero todo es paso a paso. Serj Tankian de System of a Down es quien va a hacer la música y yo soy el director de fotografía y el editor en los teasers. Son dos películas. Una es sobre la época en la que Armenia se cristianiza. Los personajes son el rey Drtat y San Gregorio. Se muestra cómo Drtat vuelve a Armenia apoyado por Roma y regana Armenia de nuevo de los persas. En esa época los armenios eran paganos y en ese momento llega San Gregorio. Cuando se descubre que el padre de San Gregorio fue quien mató al rey, lo mandan al pozo, en el que queda por trece años. Después, el rey se vuelve loco porque lo engañan y toda una serie de conflictos. En la película se muestra también cómo el rey Drtat y San Gregorio se unen para que Armenia sea un reino unificado. Así, el reino se vuelve cristiano.
Todo esto está basado en una historia real. Es una historia muy Shakespeare.
La segunda película trata sobre Vartan Mamigonian, que es un príncipe exiliado, pero héroe de la gente que vuelve a su reino natal, a Armenia. Se muestra cómo los persas quieren convertir a los armenios y los armenios que están con los persas quieren unirse a Persia. Así, Vartan, quien de manera política o no, decide luchar contra los persas para ganar la libertad de culto. Se muestra todo lo que es la batalla. Cuenta también la historia de la esposa de Vartan y los sobrevivientes de la batalla que montan una guerrilla por 30 años. Los persas que dicen “gastamos 30 años de nuestras vidas, gastamos dinero y no logramos convertir a los armenios”. Así, Armenia se convierte en el primer reino de la historia en generar un tratado de libertad de culto.
Así que de esto se trata. Hay mucha religión pero no se trata de religión. Es la historia de hombres y de mujeres, las tradiciones, los triunfos. Es una película basada en el teatro y en las obras de Shakespeare, tiene ese dinamismo. Es muy natural, no es algo actuado tipo Vartan Mamigonian como superhéroe, se trata de una manera más humana.
Roger Kupelian hizo una investigación en cuestión de las graficas, en cuestión del arte de la película, de los vestuarios. Él y la mujer vienen haciendo este tipo de investigaciones hace 10 o 12 años.
Ahora, Roger diseñó una novela gráfica, un comic de siete historias, basadas alrededor de la película principal. Estas no están en la película, son para mostrar ese mundo. Yo escribí una de ellas, Roger escribió un par, y después hay otro muchacho, Raffi, que hizo dos historias.
El guión ya está terminado y ahora lo que se está buscando es apoyo monetario para hacerla. Está todo listo para ir a un estudio y que se haga.
 

YP: ¿Qué pasa con el apoyo para esa película?

MY: Tiene que haber un cambio muy grande, tiene que cambiar la actitud, tiene que haber una actitud de apoyo gigante. Hay que ir todos para adelante o todos para atrás. Eso de estar entremedio, de tener discusiones milenarias, de siglos… hay armenios que están que sí, que no, con el genocidio. Loco, el genocidio pasó. Estamos todos metidos en el mundo por una razón. No porque nuestras familias quisieron tomar un tour masivo por el mundo de 1915 a 1918. Tiene que haber una mentalidad de más unidad, tiene que ser “Ok, mirá este tipo en Estados Unidos está tratando de hacer una película de armenios, dale, vamos para adelante, todos juntos”. No toma nada apoyar a un tipo en Facebook, no toma nada escribirle a alguien o a algún productor. Tenemos que parar de tener esos sentimientos de celos, porque si a mí me va bien, a vos también te va a ir bien, al otro le va a ir bien: se van a ir abriendo puertas. La cosa es saber abrir puertas y saber apoyar. El apoyo es muy importante, no sólo mandando plata, la plata va y viene. Si tiene que haber un cambio masivo en la cultura armenia, para mí, tiene que ser cultural. Tiene que haber un cambio en la educación. Hay que matar esa realidad para generar conversación y hay que basarla en esfuerzos reales y en una realidad que no es pragmática. Hollywood no va a cambiar, ¿qué vamos a hacer nosotros? Tengamos 1 dólar o 100 millones de dólares. Yo estoy más interesado a ver que se hace con 1 dólar porque si algo bueno se hace con 1 dólar, yo te doy 10 y qué tipo de película me vas a hacer. Te doy 100 dólares y qué tipo de película me vas a hacer. Es esa mentalidad. Y los armenios acá, en Glendale, en París, en todos lados tienen que tener esa mentalidad, de unión y ayuda. Hay que apoyar, primero la cultura porque sin cultura es lo más fácil llevarnos como manada.

YP: Pasando a otra faceta tuya que es la música ¿qué representa para vos?

MY: Yo empecé a hacer música más que nada por terapia, pero no me considero músico porque yo conozco músicos de verdad, gente que hace música. Hay mucha gente que me dice que sí, que soy músico, entonces no se qué pensar. Lo mejor para mí es pensar que no soy músico y que lo hago más que nada porque a veces tengo melodías en la cabeza. Entonces, lo mejor para mí en ese sentido fue aprender un instrumento. Quería aprender saxofón, pro no tenía un mango. Quería aprender piano, pero la guitarra fue algo que siempre me gustó. Cuando podés tocar la viola, cuando te sentís una especie de control completo con el instrumento, eso no te lo saca nadie. Después, cuando empezás a tocar rápido es el paraíso. Hay bandas que siempre te invitan a tocar y hacer esto o hacer lo otro, yo lo reservo más que nada para el cine. Ahora tengo un montón de gente que me hace la música para las pelis, pero si son las 3am y tengo algo en la cabeza y necesito llenar la parte de una sección y no tengo a nadie al lado mío, conecto la viola y empiezo a componer. Después viene el compositor y te dice “che Martín, esto esta re bueno, dejémoslo”. Más que nada es otra de las cosas para hacer cine pero, a la vez, es como una terapia muy grande. Por ahí estas trabado con lo que estas escribiendo, entonces agarrás la viola o empezás a sacar fotos. Es uno de los escapes para que la mente siga moviéndose. A veces la música te ayuda a inspirarte, a veces no, sólo te distrae. A veces la música te ayuda cuando decís “esto no está funcionando, no fluye, es una porquería”. Y viene un amigo y te dice “Martín tranqui. Poné música” Y yo digo “ah ok” y ahí ponés The Clash, ponés Metallica, lo que sea, o ponés la canción de Benny Hill. Un director no es el dedo, el director, en mi opinión, tiene que saber todo, de todo. Un director tiene que saber música, tiene que saber armonía, tiene que saber melodías, porque todo tiene que ver con cómo fluyen las cosas. Aprendes a fluir, el fluir es muy importante en una película como lo son muchas otras cosas, pero hay ciertas cosas que si no sabés, perdés el sentido de hacer un buen reportaje de la mente, de tu mensaje, de la perspectiva, etc.

YP: Bueno ahora para cerrar vamos con un ping-pong.

Un lugar en el mundo: San Francisco

Una comida: Lesmeyun

Una película: Cinema Paradiso

Un director: Mi viejo

Una banda de música: Piazzola

Un instrumento musical: La guitarra

Tres elementos indispensables en tu vida: El amor, respeto y comunicación.

Cola de león o cabeza de ratón: Cabeza de rinoceronte, ni león ni ratón, yo soy otro bicho


N de la R: Actualmente, Martín está ultimando los detalles de la película Art Officially Favored, próxima a estrenarse. Además, tiene como proyecto un trabajo en conjunto con sus socios Roger Kupelian y Eli Jarra, en un arreglo de 3 películas en el término de un año. Como si fuera poco, Martín está produciendo una película indie de acción, “Rogues" escrita por Daniel Messier.

Conectate!
Atorrante films: http://www.atorrantefilms.com/
Art Officially Favored: http://www.aofthemovie.com/
East of Byzantium: http://eastofbyzantium.com/

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Tema: Un joven cineasta suelto en LA – Entrevista exclusiva con Martín Yernazian
07.04.2010  12:40
YP Buenos Aires
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